Una enorme sonrisa asomó a sus labios sin que ella pudiera impedirlo.
-¡Contesta! ¿Eres feliz o no? O al menos, ¿algo más feliz?
-Si, -Elay miró a su alrededor- todo esto me alegra, parece otro cumpleaños más, como si nada hubiera cambiado.
-Pero debes darte cuenta de que sí ha cambiado.
-Muchas cosas han cambiado.- Afirmó Netheryn al acercarse a ellas. –Has vuelto a tu verdadera procedencia, y Keira y yo te ayudaremos a encontrar tu origen. –Abrazó a Elay mientras sonreía. En apenas una semana se había hecho muy amiga de la hija de la Sacerdotisa Nedaith. Tenía dieciocho años, pero aún no era capaz de asumir sola la protección del Sagrario en la ausencia de su madre, su tutor Yandros le ayudaba con ello.
-Eryn, ¿podrías pedir a Yandros que busque un guarda que me acompañe?
-Sí, por supuesto, os dejo solas. –Aunque en torno a ellas la fiesta proseguía.
-¿Para qué quieres un guarda?
-Tengo que irme. He de buscar a Nedaith y escoltarla a su vuelta. Hace días que no envía noticias a Yandros.
-¿Lo sabe Eryn?- Keira salió al jardín del lago y Elay la siguió.
-Yandros no ha querido asustarla, pero sé que lo intuye. Está asustada. Auralav no ha vuelto desde que su compañero fue reclutado, y Eryn sabe que Aura es la que debería sustituir ahora a su madre. Pero no aparece. Todo se está complicando. Y debo arreglarlo antes de que lo haga aún más.
-Me va a costar acostumbrarme a que no estés conmigo. Pero lo entiendo. Mis cumpleaños siempre han sido predecesores de despedidas.
-No es una despedida. Esta no. Te aseguro que me verás pronto. No va a pasar igual que hace trece años, no volverás a quedarte sola.
-Espero que sea así.
-Ahora debo pedirte algo. Sé que sólo tienes dieciséis años, pero debes hacer algo por mí. Cuida de Netheryn. Parece fuerte, y siempre alegre, pero ahora la incertidumbre le está dañando. Anímala por favor.
-Lo haré. ¿Cuándo te vas?
-Al anochecer, en cuanto disponga del guarda. Los caminos son más seguros al resguardo de la oscuridad.
-Antes de que te vayas, ya que es tan pronto, quiero darte algo. –Keira la miraba extrañada.
-¿De qué se trata?
Elay se quitó la cadena del cuello, en la que llevaba la Síbile.
-Ya no la necesito, porque a mí ya me ha guiado. Te llevará hasta la Sacerdotisa. Estoy segura de que la encontrarás. –Keira la abrazó.
-Muchas gracias, pero te la devolveré. Lo prometo.
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