1ª ÉPOCA: Leyenda
Tras la repentina muerte de Ángel todo cambió, repentinamente, sin pleno aviso, anclando las almas de sus compañeros a Gardiethel. Enseñándoles que todo aquello no era un simple juego. Que lo darían todo sin poder pedir nada a cambio. Prefiriendo no ver más allá de la gruta, de sus altos muros, de las velas de sus barcos. Sintiéndose atados, encarcelados en aquel mar que verdaderamente no lo era...

A veces recordaba las historias paganas que Petra le contaba sobre el océano. Unas aguas que no eran tan desconocidas como se decía... "Porque todos habíamos venido de él, todos tenemos nuestras raíces en él, unas raíces que todos habíamos olvidado."
Selahia la diosa plateada, bailaba en la Luna, proporcionándole un brillo indescriptible a toda su faz, feliz, porque nada hacía sombra a la Luna, ni siquiera el Sol era capáz de ello. Pero la Diosa quiso instaurar el equilibrio, que existieran noche y día, y para ello desterró a la brillante Selahia a la Tierra de los hombres a los que ella tanto había alegrado con la luz y la belleza de la Luna. Su tristeza era tal, que su llanto de sal y estaño inundó la Tierra. Las lluvias separaron a los hombres, a las distintas razas, en lejanas islas. En tal medida que los pueblos de cada isla nunca se conocerían. Por necesitar noche y día, nunca observarían como antes, juntos, aquella increíble luz de Luna.
Una de esas enormes islas era Barak, y así fue, sus habitantes desconocían la existencia de otro pueblo más allá del mar.
Habíamos olvidado la luz del mar. Nos habíamos olvidado unos a otros. Kahré sentía que estaba en un mundo que no conocía.

"Una gran amenaza se cierne sobre nuestra tierra"
Esa frase retumbaba una y otra vez en su cabeza, como intentando mostrarle una verdad que él desconocía.
¿Qué estaba haciendo allí? Aquella no era su lucha, ni siquiera sabía contra quién tenían que luchar, desconocía esa gran amenaza. Aquella ignorancia a la que les obligaban le carcomía el alma. Ya había sido lo bastante ignorante como para seguir siéndolo tras abandonar su origen. Un ignorante que únicamente sabía las leyendas y cuentos que le había contado la mujer que le crió, que ni siquiera era su madre. Unas historias en las que ella, Petra, se contradecía continuamente. Pero que durante años, de niño, creyó e hizo crecer en su interior...
