lunes, abril 12, 2010

VI- Los muertos no necesitan aspirina, sólo incumplir las normas.

-Perdí el vuelo y tuve que pasar la noche en el aeropuerto.
-¿Esa misma noche? -Joel se incorporó de la cama, poniendo la espalda muy recta, como hacía cuando se ponía nervioso.
-Sí, la misma en la que Saúl y Paula me encontraron en la boca del metro.
La pistola se disparó bajo un impulso de rabia mezclado con dolor. "Eric había roto las normas" se consolaba Paula mientras observaba la herida que le había producido el disparo entre el pulgar y el índice, y el humo ascendía...
Nadie les había ordenado "cazar" a Eric. Pero Saúl decía que había que hacerlo. No era parte de la naturaleza que un no-muerto la perturbase constantemente. Así que había que eliminar esa perturbación. Ese era el razonamiento de Saúl, dejando a parte el propio odio que sentía hacia el maldito prófugo.
No existía una jerarquía, un orden, que les ordenase qué hacer. Eso le había estado irritando a Paula.
Hasta el momento en el que encontraron a la presa.
-¿Qué hacéis aquí? ¿Tan bien os he caído que no podéis vivir sin mí?
Saúl le miró. Aburrido de su cinismo.
-Deja de matar, Eric, Max, o como diablos decidas llamarte. Ésto no te lleva a ninguna parte. Y a todos nos ocasionará problemas.
-A mí por el momento sólo me está causando placer. -Eric hizo una reverencia y se dispuso a desaparecer.
Pero descubrir a Paula escondida en uno de los pasillos que accedían le hizo detenerse. -¿Qué haces tú aquí? ¿Has decidido formar parte de la policía del Mas Allá?
-Estás pasándote Eric. Y lo sabes. -Paula sostenía torpemente un revólver negro
Ven conmigo bonita, y me comprenderás, dijo acercándose a ella lentamente.


-Y entonces me disparó. Nunca creí que fuese a hacerlo. No sé si lo hizo por odio. O por salvarme... Pero empiezo a pensar que había algo de compasión en la fuerza  que apretó el gatillo.



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Toda la historia Aquí (Gracias Jara, lo había olvidado ;) )
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jueves, abril 08, 2010

V- Los muertos no necesitan aspirina, sólo seguir siendo inquietantes. Y aterradores.




En un camastro desvencijado Joel jugaba con un roído antifaz.
-Es divertido saber cómo los engañas a todos, Eric. -Mientras él se terminaba de vestir, yo me ceñía el sombrero y cogía las llaves para salir de aquel piso tan cutre de Sant Boi.
Joel... Joel era para mí otro pobre diablo con el que jugar un rato. Un compañero de trabajo algo especial. Curioso, social, pero increíblemente raro. Con grandes paranoias sobre la muerte, que descubrí un día dibujadas en un cuaderno (negro) de anillas que llevaba siempre consigo.
-Lo sé. Si quieres que siga siendo una diversión. Espero que te mantengas callado. Seguro que si hablases, El Animal vendría a por ti.
-¿La muerte? ¿No es que elige al azar? -Y ya andábamos juntos calle abajo.
-Hasta que ve peligrar su propia vida. Entonces empieza a ser calculadora, y tétrica.  Y... bueno, todo lo demás. -Me giré hacia la carretera y paré un taxi.
-Pero... si yo pudiera usar un disfraz tan bueno como el tuyo... no algo como éste antifaz, -mientras, se lo ponía, con los ojos tornados al blanco, haciendo que el taxista nos mirase, rechazándonos- ...tan fácil de descubrir.
-Mi disfraz tiene un alto precio. Aunque, si quieres, podemos probar...
-¡No! Déjame. Vivo estoy bien. Cuando me consigas un trato tan bueno como el tuyo, ya hablaremos.
-Esto no es un trato. Es una maldición. Que he decidido disfrutar.
-¿Buscando a no-muertas en locales de alterne? ¿He entendido bien?
-Exactamente. -Y tras un ademán de despedida, salí del taxi, y desaparecí tras el portón rojizo del local.

***

Portaba un traje negro de exquisito patronaje. La camisa blanca, abierta. Caminaba sin un destino concreto, vagabundeando por el local. Sorteando las puertas a través de las que mirar, o no. A su capricho... y a su entera disposición.
Empezó a escribir en un papel arrugado y entonces se volvió y se acercó a mí. Su nariz casi rozó el contorno de mi rostro. Y empecé a temblar. Me acarició levemente el brazo, y luego me dio el papel, sin tocarme, pero sin alejarse de mí, hasta que estuvo seguro de que me tenía sometida a un miedo lo suficientemente atroz.

Y desapareció.

Me senté. Y empecé a leer una carta. Destinada a mí. Aunque yo me llamase de otra forma.


"Amara,
Me robaron el recuerdo de un tiempo, quizá fue un instante, en el que respiraba junto a ti.
Perdóname por lo que te hice.
Y por lo que queda por venir."



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martes, marzo 23, 2010

IV- Los muertos no necesitan aspirina, sólo una afición que practicar.

La expresión de Saúl era fría.
Miraba el cuerpo de Amara. Desnuda, pero con la funda de la almohada atada al cuello, como un bonito foulard. Quizás había sido ese su regalo al matarla, ponerla guapa para cuando la Muerte viniese a llevársela.
-Estúpido animal. ¿Por qué no hará bien su trabajo?
Paula estaba en el otro extremo de la habitación observando todo el desorden y el cadaver, la antigua apariencia de El Asesino.
-A veces pienso que si La Muerte es tan boba es que lo que nos espera después no es gran cosa.
Saúl respondió con un murmullo de suficiencia.
-Supongo que el hecho de que ambos tengan un tiro en el pecho no es casualidad. Qué rencoroso es nuestro Eric.
Los rodeaban un grupo de policías que hacían fotos en el escenario del crimen.

***

Me había colado en los almacenes de la Comisaría de Sant Martí no con mucho esfuerzo, de hecho, había sido bastante fácil. En la estantería de los recién archivados, ahí estaba yo. "A.Parells-Desconocido". Yo seguía siendo Max Nájera, sólo que con otra foto en el DNI.
Empecé a rebuscar en la caja y encontré las fotografías del escenario. Ahí estábamos yo y Amara tendidos en el suelo, tan apacibles.
Y pude acariciar de nuevo a Paula, aunque fuese sólo en una imagen y sin su verdadera apariencia de mujer desorientada. Y Saúl. Vi aquella mirada. Insensible. Ya no era sólo a mí, sino también la que le echaba a Amara. No tenía derecho a aquello. A despreciar a alguien a quien yo había amado, aunque lo hubiese hecho más después de muerta que cuando aún su corazón latía. No tenía derecho a eso. Me ofendía. Aunque se que ese era su objetivo. ¿Sabría que yo miraría las pruebas del caso?

***
-Sí, acabo de ver a un hombre salir ,vestido con un traje oscuro, ha desencadenado su bicicleta de uno de los bancos y se ha ido sin más. Yo estaba echándome un cigarro, que para mantener el vicio tengo que aguantar el maldito frío de Barcelona, ¿sabe?

Saúl y Paula salieron de la comisaría con la caja de Parells bajo el brazo. Amara era la sobrina-nieta de Saúl, nieta del único de sus hermanos que había sobrevivido a la Guerra.



Parecía que Eric consideraba un deporte asesinar a los familiares vivos de sus antiguos amigos. Después de haber ejecutado a la su propia familia.

PHOTO: SAUL LANDELL

martes, marzo 16, 2010

III- Los muertos no necesitan aspirina, sólo sumergirse en odio.

No sabía si era defecto o virtud. Pero la ambición me succionaba la piel, los músculos, los órganos, el alma (si es que me quedaba algo de ella). Poco a poco, tan lentamente, que cada acto que yo me atrevía a cometer, contribuía un milímetro más a que la mecha se acortase, acercándome, cada vez más a la traca final a la que me vería sometido. Claro, si seguía con mi adicción.


La veía al lado mía. Dormitando. Sin vislumbrar su destino. Tan caliente y cómoda entre las sábanas. Me puse a los pies de la cama, agachado, al lado de ella, y empecé a rozarle la pierna con el canto de la mano, empezando en el tobillo y subiendo, emitiendo un leve sonido, como si la estuviese cortando. Y bruscamente, se movió. Pero porque le hacía cosquillas, no porque me temiese.


-Qué bonita forma de despertarme- dijo, pasándose la mano por el flequillo para apartarlo y dejándome descubrir unos ojos sabor miel. Que me encantaría ver sin esa chispa que los ilumina, como tantos otros.
-Amara...- le dije, subiendo la mirada desde su pecho hasta a aquellos dulces ojos.
-Dime.
-Deseo... Quiero... Perdóname. O mejor, no lo hagas(así me recordarán siempre). -Se notaba la tensión en sus hombros, no estaban nada relajados, y en sus manos se veía que estaba alerta, preparada para lo que viniese.- Te amo, pero deseo matarte.


Yo no la amaba. Ni siquiera le tenía cariño.


En aquel momento Amara vió toda la verdad de mi ser a través de mis ojos. Vio que nada brillaba. Sólo una necesidad corporal. La de acabar con ella.


Corrió por el pasillo. Sabía que le acompañaba la extrañeza de que su atacante no la perseguía. Ilusa. Las cosas no son como las películas. Siempre son algo más macabras.


Sacó con apuro el revólver del primer cajón de su escritorio, y cuando se volvió se asustó aun más. Yo estaba parado en el quicio de la puerta. Esperando con avidez su reacción.


-No puedes matarme. No eres capáz, Amara.
-¿Ah no?


La traca había llegado.


Me desplomé. El mundo entero se fundió al negro. Y me encontré tras de ella.


-Hola Amara. De nuevo.


Y se volvió, paralizada, viendo una aparición. Un desconocido que invadía su despacho, y que hablaba de manera semejante a la de su novio difunto, al que le acababa de disparar en el pecho.


Me acerqué a ella y abrazándola, le quité el revólver.


-Tranquila, yo me ocuparé de ésto.

lunes, octubre 20, 2008

II- LOS MUERTOS NO NECESITAN ASPIRINA, LA MORFINA ES SU PAN DE CADA DÍA


El pastel estaba en el horno. Cociéndose. Inflándose al son de la levadura.

Un muerto-vivo asesino. Eso es lo que soy yo. Si me hubiera conformado con el carnicero quizás mis congéneres hubiesen sido más indulgentes conmigo, considerando que a pesar de ser una venganza, había quitado a un asesino de en medio. Pero cuando vi que era posible que me pasase gran parte de mi segunda vida en la cárcel no lo pude soportar. Aprendí de Saúl y provoqué que me mataran. Creo que en gran parte eso es lo que le jode, ¿sabeis? Que gracias a una idea suya, yo haya salido impune después de haber matado. Me he saltado lo que ellos llaman reglas y me he aprovechado de mi condición. ¿Y quién no? Unos lo hacen estando vivos, otros, estando muertos.

Hablando de que no quería contar mi historia, voy a hablar un poco de ella. A quien echo de menos es a Paula. Inteligente, bonita… Ya no podré disfrutar ni de su compañía ni de ella, ya que sé que Saúl andará cerca. Y a saber lo que es capaz de hacer un fantasma que lleva siéndolo 70 años… ¡Creo que yo llevo seis meses! Y seguro que me tiene ganas, normal, tanto odio guardado y reguardado durante tanto tiempo. Ahora llega un asesino como yo y ya tiene escusa para quitarse el estrés. A pesar de todo, aunque ese guardia siguiese vivo, no creo que viera a un tío con un tiro en la frente y un cráter perfecto para un tercer ojo demasiado atractivo. Mejor que antes… estoy. Pero estoy considerando eso de morir envenenado. Eso si que tiene que dejar una buena pinta. A no ser… que te pongas amarillo como un chino.

Barcelona era demasiado grande, y tenía demasiados muertos, amigos de Saúl (no sé si pensaría hacer un sindicato), que seguramente me hubieran delatado si me hubieran visto. Así que me puse unos cuantos cachivaches que robé en un mercadillo, para ocultar mi bella perforación del cráneo a los ojos de otros muertos-vivos. Y marché a comprar un billete de autobús para Madrid. Hace seis días que he llegado y ya he conseguido un puesto de dependiente en una tienda de un centro comercial. Mi falsa apariencia resulta ser bastante atractiva, así que no me vino nada mal. Y qué puedo decir de la infraestructura de falsificación de documentos madrileña, es eficiente y lo bastante rápida como para ser quien tú quieras en menos de dos o tres días. Adopté el nombre de un amigo del colegio que murió a los 12 años, y que me caía bastante bien, un tipo despierto: Máximo Nájera. Así que el nombre de Max en una tienda de moda quedaba de puta madre.

Lo que me asedia cada noche desde que morí (¡la primera vez!) son los recuerdos de mi primera vida. Supongo que mi subconsciente trata de recordarme quién era y que tengo un motivo que solucionar para ir a dónde debo estar. Pero eso a mí ya no me interesa. Estoy demasiado a gusto disfrutando de la no-vida y no le veo inconvenientes al hecho de estar muerto. Incluso me vi con el romanticismo con el que se ve a los vampiros en la literatura. Con esa palidez y juventud eternamente atractivas. Así que a base de morfina, a modo de rico ingrediente, me dispongo a borrar los sueños de muchas noches de mi post-vida, con el sabor de un rico pastel de manzana.

De hecho, incluso vosotros sabéis que lo que me espera ahora, que me he cargado a un tío, en el más allá, es mucho peor que una vida eterna. Y por cierto, lo de la luz al final del túnel es una patraña, un invento del cine, tan falso como Mickey Mouse. Os lo digo yo, que para eso he muerto dos veces para comprobar las probabilidades.




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Psss!: Siguiendo la etiqueta de aquí abajo de "Los muertos no necesitan aspirina..." se lee la primera parte... tremendamente mejor que esta! Sip, ¡las segundas partes nunca fueron buenas!

Foto: Bienmesabe1.blogspot.com

viernes, enero 04, 2008

Esos millares de espíritus inmortales...


Los muertos no necesitan aspirina, solo necesitan seguir estando muertos. Porque cuando esto cambia, el orden cósmico del universo (ya sea tridimensional o tetradimensional, eso pregúntenselo a Stephen Hawkins) se deforma, varía, y pueden ocurrir cosas que nunca hubiéramos esperado ni imaginado en nuestra vida, ya saben, esa que teníamos antes de morir.
Vivir sin vida es una verdadera mierda. No creces, no envejeces, no engordas, no adelgazas, tus pintas seguirán siendo las mismas eternamente, aunque los que eran más cercanos a ti mientras estabas vivo no tengan ni la menor idea de quién eres. Aunque se lo grites, le des datos que nadie más sabe, lo máximo que podrás conseguir es que te metan en el manicomio con un estúpido mote al estilo de Señor Quien o Señor Nadie. Porque en esta situación de verdad que no eres nadie. Existes por pura equivocación. Ya saben, la excepción de esa regla que dice “la excepción confirma la regla”. Eres un muerto vivo. Aún me sigo partiendo de risa cuando escucho este ridículo concepto. Benditos los delincuentes que nos dan un simple trozo de plástico con nuestra foto por unos cuantos cientos de euros. Yo morí por culpa de un cuchillo de carnicero. Que se oxida cada vez más y más, provocando que el óxido me cubra medio cráneo. Cuando me miro al espejo me veo, con mi barbilla casi inexistente de siempre, mis ojos pequeños y mi cara cuadrada, y con el mango del cuchillo mirando hacia la derecha, haciendo un ángulo de unos 30 grados. Un día me pillaron rascándome el mango en medio de la calle. ¿Qué dirían si ven a un tío rascándose con insistencia algo inexistente que se encuentra a un palmo por encima de su cabeza? Un tarado, por supuesto. Suerte que vi a un bebé mirándome y partiéndose de risa mientras pasaba por mi lado, y pude recordar que aunque el arma causante de mi muerte se haya convertido en una parte más de mi cuerpo (sí, forma parte indispensable de mi muerte-vida) el resto del mundo (excepto los muerto-vivos) no tiene ni idea de que está ahí. Cierta vez conseguí acostarme con una camarera, imagínense su cara al verme follando y gritando “¡auch!” cada vez que chocaba el mango del cuchillo con el cabecero de la cama. Al final terminé riéndome de ella (me fue imposible evitarlo) y con un buen guantazo en la cara. Maldito carnicero psicópata que no tiene que aguantar un pedazo de hierro en la cabeza, y encima, sigue vivo. Todo por un poco de paletilla… Dos días después de morir me encontré por la calle con un tío que tenía un autobús sobre él. Como es de imaginar, había muerto atropellado hacía unos treinta años. Así que el colega iba vestido como Nino Bravo en sus mejores años y con un autobús anticuado encima (al pobre le era imposible encontrar trabajo, no entraba en ninguna oficina). Algunos de los demás consideraban su aspecto un poco “pop”. Eso sí, una consideración sin estar exenta de algo de cachondeo. Los demás son un grupo de muerto-vivos a los que me uní. Los conocí a través del tío del que antes he hablado, de “Busman”, como todos lo conocen. Son cinco muerto-vivos que se reúnen en un bar de cerca del centro de la ciudad. Busman sólo se une a ellos en verano cuando sacan las mesas a la calle, ya que le es imposible entrar por la puerta del local… La más pequeña es Alicia, que murió con 12 años en los años 80, aún lleva calentadores y un chándal de colores chillones y brillantes. La mató su padre, de un tiro en la nuca. Así que el rizado pelo de Alicia rodea el agujero que tiene en el cuello. Por suerte, para los vivos parece algo mayor de lo que es y puede encontrar algún que otro trabajillo para subsistir. Pero no le es suficiente, ahora, en enero del 2008 debería haber cumplido 36 años y le abate verse como una niña de 12, o como le ven los demás, una adolescente de 15. Manuel era camionero y tuvo un accidente en 1995, murió cuando un cristal del parabrisas le cortó el cuello. Ahora va con la cabeza bajo el brazo, y hace tiempo dejó de mencionar que echaba de menos a sus hijos. Harold era un turista escocés que murió en la mesa de operaciones de un hospital del sur por un error médico. Tiene el pecho abierto y un bisturí en una de las válvulas del corazón. Se arrepiente de no haber podido acompañar a su esposa de 28 años de vuelta a Escocia, y de no haber firmado un acuerdo prematrimonial. Paula era jueza en 2005 cuando murió de muerte natural. Fue un infarto a los 32 años. Fue algo realmente extraño, aparte de ser tan joven para morir de lo que murió, muy pocos de los muerto-vivos lo son por muerte natural. La mayoría son asesinatos y una pequeña parte accidentes. Nadie sabe porqué existimos, aunque quizás Saúl sí sospeche algo, pero lo que sabemos es que todos los que mueren no se convierten en uno de nosotros, muchos apenas lo son pocos minutos o van directamente a otra parte. Al cabo de unos años, dos, diez, veinte, los muerto-vivos dejan de serlo y van al lugar al que van aquellos que nunca son como nosotros. Mueren definitivamente. Pero Saúl no lo ha conseguido. Murió desangrado a los 25 años en la cárcel en el año 37. Acaba de hacer 70 años. El 25 de Diciembre. Consiguió volver a su pueblo tras su tercera muerte. Sí, exacto, se puede morir varias veces. A Saúl le ocurrió esto porque mientras esperaba en la estación al tren que le llevaría a casa, un hombre le vio, y se le antojó parecido a uno de los dirigentes del otro bando de la región. Entonces le empujó a las vías del tren. En el momento de su segunda muerte Saúl adquirió el aspecto de otro hombre que no era él, y claro está, arrollado por las vías. Y es que era así como la Muerte le había visto al llevárselo. Al morir de nuevo te ves a ti mismo con la apariencia del falso aspecto con el que mueres. Así que, prefiriendo ser un hombre con un balazo, que un hombre arrollado por un tren, con todas las dificultades que acarreaba, decidió provocar su tercera muerte abalanzándose hacia un soldado que observaba su antiguo cuerpo. Este reaccionó y le pegó un tiro en el pecho. Ahora, tuviese el aspecto que tuviese, no tendría que sentirse como ese amasijo de carne que ahora quedaba en las vías. Aunque pudo coger el tren, y llegar el 10 de enero de 1938 a su pueblo, ya era tarde, su mujer y su hijo habían desaparecido, es decir, habían sido fusilados. Cuando un muerto-vivo pierde el objetivo de su anterior vida, y los seres a los que quiere desaparecen o le rechazan, no tiene sentido seguir viviendo. Por eso nunca llegaba a aquel sitio donde otros iban. Había que buscar un sentido a su vida. Lo lleva intentando 70 años y aún no lo ha conseguido. De lo que hay que estar seguros es de que la Muerte no mata el alma, sino un cuerpo, simplemente, y no tiene ni idea a quien pertenece este. ¿Qué estúpida no creéis? No soy capaz de contar mi historia, porque supongo que llevo poco tiempo en esto y encuentro hasta la historia de Busman mucho más interesante que la mía. Pero en algo he logrado diferenciarme de ellos. No he vuelto a por mi familia, que la quiero, pero visto lo visto ahora es tiempo de olvidarme un poco de ellos. Pero si fui a visitar al carnicero. Aunque una rejilla nos separaba, tras sólo tres de mis provocaciones, se abalanzó sobre mí e intentó matarme por segunda vez, pero yo fui más rápido. Le maté a él y a uno de los guardias que me llevó a la comisaría. El conductor me mató, y esa fue mi vía de escape. Estaba en las afueras de Barcelona, con otra cara, con otra vida, y ya era libre de los crímenes que acababa de cometer. De esta forma le regalé a Saúl el sentido de su vida. Detenerme.






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